GOLDEN AGED

2017-2019


 

¿Qué memorias guardan los objetos? Testigos parciales del pasar de nuestras vidas, de generaciones tercamente arremedándose de sí mismas, vistiendo y envejeciendo distinto, humaneando a diestra y siniestra. 

 

Nos miran llegar, y mientras sostienen nuestras lamparas y vajillas, mientras hacen hogar para nuestras prendas y dan personalidad a nuestras salas, nos miran poco a poco envejecer, coquetear con la muerte y la razón hasta finalmente irnos, dignos o intrascendentes, vistiendo arrugas y mañas. Sienten el vértigo de recordar la música de entonces, la nueva que vendrá por igual, tarareándose… y sostendrán nuevos libros y nos verán vestir nuevos poliésteres, buscando significar el porvenir. 

 

Las manos que juntan esta colección tendrán que esperar la llegada del 2070 para presumir o lamentar 80 años bailados, ¿qué historias contarán sus pertenencias?, ¿qué le dolerá a usted?, ¿qué órgano se rendirá primero?

 

No viviremos la vejez que imaginamos porque aún no existe, y la referencia inmediata se caduca con la misma velocidad que el paso del reloj. La elegancia, la autenticidad y la sabiduría son virtudes de un calibre que a veces sólo el tiempo otorga, pero recibirlas con clase, merece júbilo y admiración. 

 

En respuesta surge la celebración Golden Aged, a manera de fotografía, retrato pictórico, ilustración y restauración de piezas y objetos. 

 

MARIA PORTILLA

 

Doradora. Parte de los marcos arrumbados en un taller de restauración, desempolva, re-conoce. Algunos coleccionando tiempo desde 1700, otros condecorados con placas de Diego Rivera. Del espacio interno que resguardan, brota el óleo en forma de retrato, de expresiones no genéricas y miradas entrecomilladas por la piel, -no por eso apagadas- vivas muy vivas. Algunos personajes se resisten y zangolotean, se desdibujan u ofenden por su reflejo envejecido, pero María es de convicción de piedra. 

Busca que se retome la costumbre de auto retratarse y capturar en sus creaciones, no la apariencia, sino la juventud que vive en sus historias, la esencia que los caracteriza y la elegancia con la que portan su edad. 

 

DE VIEJITA: Soltó el deber y las responsabilidades, soltó incluso la memoria, prefirió la demencia. Necia por elección, pinta despreocupada con vista al mar y baila con la música del fondo que él toca, del de su corazón, siempre enamorada. Viajan juntos de manera literal y figurada. De amigas a tiro de piedra, guerrera, de piel adornada con cicatrices de sus incansables luchas. 

Isabel Hernández


 

Isabel Hernández