"You´re not an office woman" me dijo el Tibetano con el que me estrellé en la calle. También me dijo que iba a ser escritora. 

Pensé: “Aquí sí le falló la lectura de mano al Tibetano. Seré pintora. No sé, ni sabré escribir.” Me resuenan sus palabras cada vez que escribo.

 

Tu profesión no define tu ser. Aun así: ser pintora es un estilo de vida. No es a lo que te dedicas solamente. Es un entendimiento: una manera de llevar el rumbo de tu existir, de hacer las cosas, de ver la realidad, de conectarte con la conciencia, de relacionarte con el mundo material... de escribir. Escribo como pinto, pinto como escribo. Uso el lenguaje de la pintura, los símbolos y los mensajes del color.

 

Al pintar improviso. Al escribir improviso. Al existir improviso. La improvisación de la existencia, ¿qué no es la existencia si no una improvisación?

Acuática
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ES AGUA


 

Es agua, eso lo sé. 

Le bailo, le cocino, le pongo atención, hago lo que le gusta hacer. 

La veo y admiro. 

 

Le escribo a ella.

 

Escucho su quejar diario de los urbanistas y arquitectos que tapan su vista a la Alameda o peor aún, al atardecer. 

Y no me canso de esas quejas. Son dignas de repetirse, pues son reflejo de la depredadora condición humana que nos trajo hasta aquí: al post apocalipsis premeditado. 

 

De vez en vez, la intento ubicar en tiempo y espacio. 

Miro su navegar urbano.

 

La veo enflacar, engordar… brillar. Le pongo su música favorita. Le recuerdo que el baile es su terapia más fuerte:

Desatoro sus llantos.

 

Me preocupo cuando raya en la locura.

 

Pongo atención a sus tonos, a los colores que le combinan.

Observo su cuerpo, le coqueteo, la seduzco, noto su mirada oscura, intimidante cuando se le ve de frente.

 

Me enamoro.

 

Subo con ella a la azotea. Descubrimos los puntos cardinales aunque de nada le servirán a esta navegante sin brújula. Alimento sus fantasías sexuales en ese piso de concreto. Huelo sus olores, me embriaga su solitud.

 

La veo pintar, la grabo, pinto con ella. Admiro su caligrafía. Aplaudo sus aprendizajes de pata de perro, se le acusan en los músculos, en su bailar cumbia. 

 

La absuelvo de sus culpas capitalistas.

 

Impulso las rutinas con las que busca su estructura desestructurada, aunque sé que nunca lo conseguirá e idealizo sus planes sin futuro porque le cuesta pensar en uno.

 

Aprendemos otro idioma.  La tolero, aunque hay días que me cuesta.  La aguanto, aunque hay días que me pesan. Escucho sus diálogos internos y su dificultad para articularlos. Procuro entenderla aunque a veces no pueda. Dejo pasar sus humores cambiantes, sus impulsos, trato de contenerlos; batalla perdida. 

 

Le resalto lo repetitiva y cansada que es.

 

Escucho su risa, ¡Por primera vez la escucho cantar! 

 

Observo su desnudez y lo cómoda que se siente en ella.  Pongo atención en su caminar.

 

Me gusta.

 

Me asusta lo fácil que sacia su sed de mar, con tan sólo tenderse casi desnuda en la zotehuela. 

 

Le recuerdo y ayudo a entender la mezcla exótica de su espiritualidad. 

Solapo sus rituales, hago altares con sus objetos, los retrato.

La quiero más que nunca. 

Le prometo nunca más olvidarme de ella, para no perder ese amor que tiene, o se diluya.

Acepto su existencialismo e intento canalizarlo para evitar que se inunde. 

Le recuerdo su buena fortuna y le agradezco su saber fluir en tanta armonía.

 

La riego para no secarse, le procuro su sintonía con la luna.

Aunque intuyo que la conozco, no me deja de sorprender.

Me gusta que sea ella, la portadora de esta alma acuática, lunática, memoria líquida.







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El espejo en el que te mires (óleo sobre espejo, 2020)

el mar lo cura todo el mar 

locura todo el marlocura todo

elmar locuratodo elmarlocura

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elmar locuratodo 

el marlocura

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El espejo en el que te mires (óleo sobre espejo, 2020)

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Life Still / óleo sobre madera /  2020